
Su vida era casi tan perfecta, solo existía el detalle de la infelicidad que era producto de una simple razón, y esa razón era similar a un rió que provoca un delta. Sin embargo las perfecciones hoy eran inundadas por las corrientes de la duda, que hacia tiempo parecía haber desaparecido. Él formaba parte de esa perfección del momento, pero a su vez era un gran factor de tristeza, no podía evitar olvidarlo en los momentos de ira, no podía evitar extrañarlo en los momentos de ausencia. Pero en aquella balanza que él le había enseñado y luego obsequiado, había pesado el amor, la locura, el deseo y la pasión y representaban lo suficiente como para romper cada obstáculo que de ella se habían apoderado. Y solamente ahí comprendió aquello que ella le había enseñado: el sentir sobre el pensar.Día a día volvía a verlo, pero algo distinto existía en nosotros, algo nuevo me sorprendía, los sentimientos se me alborotaban en el pecho y sin palabras podía expresarle cada rincón de mis sensaciones, era como desnudar mi alma a través de una mirada. Y ahí nos encontrábamos abrazados, fundida en su calor, las respiraciones profundas, las manos entrelazadas, como el inicio del mundo; ahí estaban el exterior desvanecido, no había nada ni nadie, no había negación. Sabían del deber pero también de la naturaleza, su voz me perdía y su mirada me encontraba sola y profunda.El tiempo se detuvo junto al cerrar de sus ojos , junto a la pasión de los cuerpos, y si todo hubiera terminado no había final mejor, entre la confusión del deseo, y la inseguridad de los vicios, que simplemente formaban la imagen de la perfección, la imagen de la naturaleza humana. Todo siguió, pero la duda torturaba, no tan inexperta sentía la confusión de su mente, sentía la atracción hacia lo inesperado y se lanzo a lo perdido, viendo que le depararía el destino. Aunque ella misma, la imagen externa de la libertad y rebeldía, le aterraba la desconfianza, y no comprendía lo opuesto por la simple razón de su mente dividida sin intenciones de reconciliación. Como confiar si era ella su peor enemiga, como creer que todo el alrededor no era una mentira, como comprobar que su soledad era parte de su imaginación.Todo se resumía en una confusión, en la profunda incertidumbre de la desolación, todo se caía. Mi mundo era frágil, bastaba soplar para derribar mi “imperio”, aquellas paredes lejanas y admiradas por cualquier visitante, no eran mas que una farsa que caía tras las ráfagas de un simple viento, sin necesidad de tormentas ni huracanes, sin necesidad de tragedias. Pero aquello si era para mi un abismo, aquello si era para mí la sensación de vivir a la deriva.Pero ella soñaba, imaginaba o anhelaba la idea de tener el valor para cumplir sus ideas, sus deseos. Algunos terribles, otros utópicos, pero al fin conceptos irreales que chocaban cada segundo con el tiempo real, ese laberinto lineal que ofrecía ideas perversas, como salidas inexistentes pero no imposibles, como un verdadero deseo de expresión del alma; Simplemente una revolución interna que tenia como fin la liberación, su liberación.



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