
Cierto día me levanté cansada; cansada como si me hubieran dado una buena paliza, con el cuerpo molido hasta los huesos, y además un gusto amargo y horrible en la boca. Un gusto a nada. El cuerpo como si fuera el cuerpo de alguien mayor. ¿Viste cuando no se quiere nada de nada y todo te parece sin gracia, sin color ni sabor? ¿Cuando para variar, encendés un cigarrillo, solamente por encenderlo, y te quedas vagando en un vacío sin nada en la mente? Entonces en mi casa me dijeron: debes estar enferma, tomá una aspirina que ya se te va a pasar! Así lo hice, y salí para el trabajo, aún con el gusto de la aspirina en la boca. Ese sabor persistía, pero yo sabía, y hasta podía asegurar que no estaba enferma. Mi presión era normal, no tenía fiebre, el estómago me funcionaba bien, los riñones y el hígado perfectamente normales. El corazón estaba latiendo normalmente. Mis amigas me dijeron que que con una salida, una buena borrachera se me iba pasar todo. Pero no se me pasó ni con eso ni con aquello. No estaba enferma. Y yo lo sabía. A veces las personas que nos rodean suponen saber un montón de cosas y nos dan explicaciones para resolver cualquier problema. ¿No te parece que creen saber demasiado? Y tienen recetas listas para todo. Todo esta estudiado y calculado. Todo perfectamente asegurado. Parece que ven el envase, pero se olvidan del contenido, parece que ven la superficie, pero se olvidan de las profundidades, donde uno realmente existe. Nunca llegan alcanzar al corazón. Hace esto, hace lo otro, que ya todo va a pasar y todo va a salir bien. Y así es que cuando nos sentimos mal, enseguida suponen que estamos enfermos. Es absurdo, creen que necesitamos esto y aquello. Y solamente nosotros sentimos un gusto horrible en la boca, en otras palabras, una amargura incomparable. Yo realmente me había levantado cansada de la vida, viendo las cosas sin sentido, insuficientes para sustentarse. Necesitaba solamente un impulso, un significado más fuerte para que pueda salir adelante sin más que pensar. Siempre necesitamos a alguien que nos de esa palmada en la espalda y nos diga que podemos levantarnos, que tenemos la fuerza necesaria para hacerlo, porque todos la tenemos. Sólo tenemos que descubrirla y poder usarla. Siempre caémos, pero a pesar de lo mal que nos podemos llegar a sentir, aparece alguien que nos ayuda a levantarnos. Y así siguen sucediendo estas cosas. Uno se cae y se levanta. Si no caés no aprendés; y si sufris, es porque conoces la felicidad.Si algún dia te pasara a vos también y te levantas cansada como yo, con esa amargura, no me preguntes lo que hice, porque yo sólo rompí esas formulas y tiré todo al viento. Para eso no hay recetas, mentiría si dijera que hagas esto, que hagas aquello. La vida no se inventa. Cada uno la descubre y experimenta. No hay recetas para vivir. La vida es un paso y mañana otro. Es una superación de nuestros cansancios. Es levantarse, caerse y volver a levantarse.



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