
Que las cosas salgan como queremos, que todo esté más que perfecto, que no tengamos problemas, que estemos bien económicamente, no son las únicas causas para ser felices.
La vida es un apreciar. Apreciar las pequeñas cosas, desde el desayuno a la mañana con mamá y papá, hasta la merienda con tu hermanita, tomar el colectivo con tu hermana, o sentarte a mirar la tele con tu amiga. Eso es lo que hace que la vida valga la pena. Que las cosas estén bien o mal no va a hacer nuestra felicidad, sino los momentos mas insignificantes, son la que la crean. La vida es un juego y todos jugamos en él. Por eso tenemos que hacer que la estadía en este mundo sea de la mejor. El saber que hay un alguien en quién confiar, otro para tomar mates, otro para reirte un rato, otro para mirar una peli, otro para querer y que te quiera y otro para cebarte mates tiene que hacernos las personas más felices del universo. Entonces volvemos a lo mismo, que si apreciamos las mínimas cosas, la vida es diferente. Los que no la aprecian, la sufren y la padecen como a una enfermedad. Le buscan la vuelta a un algo que no tiene vuelta y lentamente “mueren en vida” pensando que la vida es injusta para ellos, que no tienen lo que se merecen o necesitan más para ser feliz. Y cuando se dan cuenta, ya es tarde;el tiempo no se puede volver atrás…



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